soy el insomnio que se
liberó de su horquilla
ROCIO L’AMAR
una vez que la línea blanca se
acomoda sobre un blanco abierto, todo latido animal es irredimible,
-qué me pudro, diría la palabra, por
temor a no ser-,
me enseña la fosa y desenseña los
huesos, a un segundo del haraquiri, vamos en traje de rigor de alas el verbo, la
mueca y el ceño como si fueran verdugos de la que está en la piedra más gruesa,
y porqué no llamarte mísera sordera también mi bella sombra, qué salga qué
salga qué salga a escena la muerte más larga el insomnio ha finalizado.
















