lunes, 29 de agosto de 2022

LA BOCA DEL ALZHEIMER/ Rocío L'Amar/ Chile



 





















1-

Se durmió con el tictac del amanecer, lo ajeno y lo íntimo exploran el cuerpo del cadáver. Por costumbre una huye, y aunque huye, no rehúye. Una avanza, sin hallarse en el espejo o escuchar el ruido de los pasos. Con frecuencia estoy aquí, varias veces por semana me hace falta el silencio activo de las certezas y el golpe entero de los fantasmas. La vieja poesía en papel viejo. La húmeda e impertinente sombra que reparte cualquier árbol. Aquí, en este mismísimo vértigo de espaldas al acierto. Eso es veraz. La mirada de eso carece de punto final. Como si el universo admitiera la sospecha, que no soy yo, el poema.

2-

Hormiga es hormiga, y no trufa en forma de bombón ni narices de perros ni expreso de las cinco, ni ojos cenitales ni el afásico labio hecho así. No soy única y feliz todavía en este fango. Pero no contradigo ese mucho aire de hermandad. Tengo hernia discal y sin miedo descubro que el dolor embellece el dolor. La belleza es un manto de opciones que ahoga, como Les Fleurs du Mal. En Chile ni una cosa ni aquello. No hay pie para el sentido común. Esa escocedura. Esa soledad. Lo que escribo. 

3-

La risa de la muerte quedó en Junio. En el centro de la imagen una mujer aprieta a su niña contra el pecho, como chivo expiatorio, yo qué sé. El verbo todo lo enreda, y nunca está en orden cuando se mira de cerca. El Buen Pastor habla de matar el miedo entre las murallas, y nadie objeta lo inobjetable. Lo descubrí en otros, en un adiós que no me hice.  Y aunque es sábado, yo sé de sobra que parece ficción, pero no es.

4-

Me condeno a estar triste y buscar lo que me gusta en esta hora, mientras las palabras babean sobre los demás abiertamente. Mientras el sol no quiere despertar tiene la forma de mi oreja, con lo que estoy en desacuerdo. Algunas arañas se entregan a ciertos vuelos porque así son de súbitos los cuerpos. Porque la monotonía y el tedio me aborrecen. Otros nombran su exilio en mi boca. La vida pierde la guerra, y siempre será un acertijo para mí. 

5-

Cualquiera puede soñar. Levantar los ojos y mirarse como pintor que incita a hacer un buen retrato. Todos somos soñadores cuando nos lleva al libro que aún no hemos escrito. Porque el pecho de mi madre es rojo aparece como búsqueda del soplo del yo poeta. En mi poema, la otra María palpita el misterio del origen de la memoria. Me han visto sus ojos y en mí evolucionan sus ojos. Su voz cae en un sueño y yo en él me quedo a dormir. 

6-

Como quien se empeña en herir, para lo cual no existe querencia, y sangrar el párrafo. Ayer   la luz predijo la oscuridad pero la visión no cayó a plomo. El árbol que quise se aleja de mis huellas y se pierde en un ruido de huesos. Hoy presiento que el vers liberé puede ser el renglón que no necesita de ballestas ni arpón ni corsé a fin de encarrilar lo herido. Por gusto, la muerte repite la misma herida una y otra vez, y la deja abierta.   

7-

El recuerdo es estable, terrenal, como la hora de regresar al jardín, antes de hundirme bajo el peso de la vejez en este pequeño dormitorio del mundo, antes que esa larga línea de nostalgia deje de asimilar los detalles del amor único, antes que siga siendo una hipótesis de autodestrucción. Y si no, probablemente, nadie contará la historia de mujeres en el mercado de palabras.  

8-

No me gustan los espejos, me dijo, como quien observa un rostro ajeno. Una vieja foto en sepia aún memoriza el tiempo final de la adolescencia. En la viudez se halla la tristeza y la sinrazón. Sólo a Electra le sienta bien el luto, entre letras y páginas y libros de cabecera, no obstante hay insomnios que exudan anarquía, por morbo, para que salga Sófocles de la huesa. El colibrí que picotea el vidrio no es truco de espíritus, soy yo, sin darme cuenta, todas las noches. 

9-

Mientras el würlitzer en mi patria ya no juega al carrusel, me convenzo que todo cambia y aprovecho esa imagen para hacerme cargo de la materia gris y actos estériles de ella. Sé que no se puede esconder eternamente de la madre tras la puerta. La mano que escribe junta la ceniza que conoce mi respiro. Parece algo imposible, poner velas y alumbrar este huidizo poema, saciar el hambre más adentro de la realidad. El olvido es una página en blanco. No existe ese modo de asonantar versos en el personaje que narra, como Sordello da Goito, y aquellas flores para Endimión. La distopía de la metamorfosis resguarda el surrealismo a modo de cancerbero. Nada preexiste con la lluvia de sílabas que cae en la zanja de mis manos. Gutural y cíclica, jamás escuchada. Ya sé dónde termina el juego de las conjeturas. 

10-

La hembra que corre con chacales es halcón que tironea su carne, y sigue. La incertidumbre salva. Alguien clava sus uñas en la boca del incendio, y yo me quedo esperando. Saco la foto desde la cercanía. Todo lo demás es cuestión de lentitud. La burocracia que parasita entre a y z, sin orden ni rigor, está tumbada en el jardín de las delicias.  Sin embargo para ti las piedras no se convirtieron en pan. Ocurre simple y naturalmente, el frío del corazón. 

11-

He aquí arco y aguas de encierro. El poema que nadie nombra se llena de mí y de ti. Es casi homicida cuando se encumbran las persianas en plural. Tengo miedo del campo de batalla, los insectos que están en tu boca, el abrigo con capucha que suele esconder los curvos cuernos de las ovejas. Dios mío, dime qué hacer en este insomnio.

12-

No recuerdo haber merecido la musa lírica, el cuerpo de sal, el guindo que florece, así como las manos de mamá en esta arcilla. El invierno es un panteón romantizado por el ángelus que sólo sirve en función del lenguaje. Eso, impronunciable.   

13-

Los weekend de té de jazmín en el sentido estricto de la frase. Un agresor nuevo, un pillaje, uno que asesina a la matriarca en el cine por televisión. No soy Champollion para descifrar jeroglíficos. La intimidación del silencio se perfila con el rostro ceñudo. Sin luna qué se supone hacer. Mis dedos van y vienen por el borde del sofá. Pienso en la película del mes, en el cuervo de Brandon Lee, en los grandes amores de la historia, en lo que el viento se llevó. Por ella, no procede ninguna soledad.

(Fragmento)